El futuro en nuestras manos

El pasado 4 de noviembre entró en vigor el acuerdo de París contra el cambio climático, propuesto un año antes en la conferencia de las naciones unidas sobre el clima y que firmaron 195 países, China y Estados Unidos fueron los grandes promotores de este pacto.

El acuerdo tiene como objetivo la reducción del calentamiento global del planeta desde el punto de vista del ser humano y las consecuencias que nuestra especie tiene sobre el planeta. El pacto persigue que el aumento de la temperatura se quede entre 1,5 y 2 grados para evitar consecuencias catastróficas. La medida en la que está al alcance contribuir de forma sensible y notoria en dicha reducción se basa principalmente en la disminución de las emisiones de los gases de efecto invernadero que son los que se generan en las actividades industriales y de transporte. Estos gases han existido siempre en nuestra atmósfera de manera natural ya que su función es la de retener parte de la radiación infrarroja que el planeta emite hacia el espacio para mantener unos niveles de temperatura terrestre adecuada para la vida y los ecosistemas, son como las paredes de un invernadero, dejan pasar la luz pero retienen el calor, generando ese clima cálido dentro de él.

Según la mayor parte de la comunidad científica existe un 90% de certeza en el que el problema reside en que los gases de efecto invernadero que se empezaron a generar desde la época pre-industrial por acción antrópica han alterado el equilibrio natural y al existir una mayor concentración de estos gases en la atmósfera están provocando un aumento muy relevante de la temperatura global del planeta. 

Las consecuencias que supondría continuar con el ritmo de emisión actual de gases sin tomar medidas sería un aumento para el año 2100 entre 3,7 y 4,8 grados de media global de temperatura respecto al nivel preindustrial, lo conllevaría efectos de clima extremos mucho más frecuentes como inundaciones, sequías, ciclones, olas de calor, extinciones de especies y variaciones fuertes en el rendimiento de las cosechas. en resumen, los recursos naturales se reducirían a limites muy peligrosos para el ser humano ya que no podría seguir sustentando su forma de vida basada en ellos.

Tras varios fracasos de acuerdos entre países sobre este tema, el de París se espera que no sea uno más a añadir en la lista, puesto que con este acuerdo también se busca abrir la puerta al cambio de mentalidad en el que el mundo percibe y se prepara con para actuar frente al cambio climático mediante acciones a todos los niveles por parte de los gobiernos, las empresas, el mundo de la inversión y la sociedad civil. De ahí que cada vez se ponga más en relieve en abordar riesgos medioambientales en la empresa. Lamentablemente los primeros movimientos que se han generado no son nada esperanzadores ya que el nuevo presidente de los estados unidos, Donald Trump, se ha mostrado contrario al pacto y a la reducción de emisiones que busca este acuerdo, mientras que la ONU ha declarado que no es suficiente con el objetivo de reducción que se ha pactado ya que habría que aumentar en un 25% más la reducción para estar en los niveles de temperatura adecuados. A esto hay que añadirle que de momento el acuerdo no propone ninguna sanción a aquellos países que no cumplan con la reducción de emisiones, confiando en la buena fe y la declaración de intenciones únicamente que firmaron todos los países involucrados en el pacto.

Nos encontramos en un momento crucial de nuestra historia como especie ante uno de los problemas ambientales más serios que pueden cambiar la forma de vida de las futuras generaciones, la generación actual no llegará a experimentar la herencia de planeta que les dejamos a las generaciones del siglo XXII, de nosotros depende que nos recuerden como una generación que corrigió el rumbo de contaminación ambiental catastrófica al que estaban destinados o la generación egoísta que les condenó a vivir en un planeta sin los recursos del siglo pasado.

Carlos Laza